Descalzos en el museo…de Japón

 

 

¿Te has descalzado alguna vez en un Museo? Pues esto es posible en alguno de los museos de la isla japonesa de Naoshima y gracias a nuestros nuevos colaboradores, Esther Asensio y David Rodríguez, la vamos a recorrer.

Pero antes un breve apunte ¿Sabes qué el mercado asiático es hoy el principal comprador de arte producido en Europa? Quién nos diese poder entrar sin ser vistos en esas exquisitas colecciones de los magnates japonés, chinos y árabes. Pero, mientras no estemos en su lista de invitados, los museos e instituciones de aquellas tierras muestran el florecer de una nueva estética a la hora de exponer y divulgar el arte.

Naoshima era una minúscula isla del Mar Interior de Japón, habitada por pescadores y trabajadores de las instalaciones industriales, cuando una serie de artistas locales y occidentales (norteamericanos sobre todo) se instalaron allí para crear un arte conceptual, que tenía como objetivo estético y ético, reflexionar sobre el mundo del arte que les consideraba  “outsiders” (intrusos sin experiencia).

¿Cómo nos recibe esta isla? Con obras realizadas con desechos que el mar deja en las playas, con esculturas que proponen una revisión en la imaginación infantil que todos podemos reactivar en nuestro interior, si queremos. Con arte-protesta, arte-desencanto frente a una sociedad industrial que avanza sin freno y que no respeta el paisaje.

Yellow Pumpkin de Yayoi Kusama. Símbolo de Naoshima.

El legado de estos artistas se ha musealizado con el lápiz de Tadao Ando y el dinero de la Fundación Benesse, responsable de los 3 museos que forman un arco en la costa sur de la isla y del conjunto de instalaciones inscritas en el “Art House Project”. En apenas 15 km2 de colinas, playas y verdor, la fusión de arquitectura, arte y naturaleza alcanza una armonía perfecta.

Hablando de Tadao Ando…

 Ganador de innumerables medallas de oro de arquitectura, este autodidacta arquitecto japonés es conocido por su estilo minimalista, por la aparente simplicidad de sus líneas de hormigón, por su interés por preservar los espacios abiertos y por su pasión por los grandes ventanales que hacen posible luminosos interiores.

Todo esto le sirvió para ser ganador del Pritzker de Arquitectura en 1995 (dinero que donó a orfanatos para las víctimas del terremoto de Kobe).

Aquí citamos algunos de sus trabajos más notables, que van desde museos: 21 21 Design Sight Museum (Tokyo), Suntory Museum (Osaka), Modern Art Musem of Fort Worth (Texas), galerías de arte: Stone Hill Center (Massachusetts), restauración y renovación de la Punta della Dogana, junto a Santa María della Salute (Venecia). Hasta centros comerciales: Omotesando Hills (Tokyo) o iglesias: Church of the Light (Osaka).

Nuevas formas de exponer o dormir con Andy Warhol

El primero de los museos del homenajeado arquitecto, es el Benesse, que busca una nueva aproximación al concepto expositivo, fundiendo en la misma construcción un museo y un hotel. Esto hace posible pasear entre obras de Jasper Johns, Warhol, Yves Klein, Richard Long o Frank Stella en las salas del museo, o incluso en las propias habitaciones de este exclusivo alojamiento. Así, se plantea un estimulante juego “interior-exterior”, al más puro estilo Ando, donde el programa expositivo y el paisaje se contraponen, y donde el visitante pasa de participar como espectador a interactuar con la propia obra. Aquí, parques y playas se convierten igualmente en un novedoso espacio de exposición.

Full Moon Stone Circle de Richard Long – Benesse House Museum
Dormitorio en el Hotel Benesse

 

Solo desde el aire se perciben las formas geométricas “enterradas” bajo la montaña que conforman el Chichu Art Museum, probablemente el más brillante. En él, la depurada arquitectura minimalista de Ando se pone al servicio de tan sólo nueve obras de arte para crear una degustación exquisita. Los limpios planos de hormigón, las constantes líneas de fuga y los juegos de luz y sombra son el marco perfecto para apreciar en todo su esplendor las escogidas obras de tres autores: Claude Monet, James Turrel y Walter de María.

Chichu Art Museum de Tadao Ando

Descalzos en el museo y en plena paz

Como en un “3 estrellas” Michelin, el menú requiere ser degustado según ciertas reglas para potenciar su impacto y por ello es necesario guardar una rigurosa cola de manera que el aforo de la sala sea siempre reducido. Descalzos recorremos los perturbadores juegos de luz de James Turrel; nos abren las puertas de un patio en el que se puede apreciar que un cielo azul surcado de nubes pasajeras puede ser el mejor cuadro. También descalzos pisamos el mármol de Carrara de la sala en la que se exponen cinco grandes lienzos de nenúfares de Monet. La tamizada luz natural, la blancura del suelo y el silencio casi reverente de los visitantes hacen inevitable la comparación con las hordas ruidosas que diariamente atestan el museo de Orsay en París.

Un ambiente sacro, casi místico, se percibe en la sala dedicada a Walter de María, figura imprescindible del Land Art. La estancia, de dimensiones basilicales, tiene sus paredes cubiertas de grupos escultóricos formados por tres prismas cuadrados, triangulares, pentagonales, todos cubiertos de pan de oro. En el centro, una gigantesca esfera de oscura piedra pulida genera tal atracción que hace que uno dude si no será ese el centro mismo del Universo.

Si pasamos un poco de puntillas por el tercero de los museos (dedicado al artista coreano Lee Ufan) podemos retornar a Honmura, uno de los pequeños pueblos de la costa norte y donde se ubica el Art House Project, un conjunto de instalaciones de artistas contemporáneos que se ubican sobre construcciones o emplazamientos deshabitados, estableciendo así un diálogo entre lo viejo y lo nuevo. El método artístico empleado es muy dispar. Desde la conversión de una antigua clínica de un dentista en un fascinante collage arquitectónico, hasta el minimalista mosaico de contadores luminosos mutando del 1 al 9 a la velocidad que decidieron 125 vecinos de la isla. Mención especial merece la instalación de Tadao Ando “Minamidera”, donde el visitante experimenta en primera persona el juego de luz y percepción ideado por Turrel.

Art House Proyect: “Dreaming Tongue:Bokkon-Nozoki”, de Shinro Ohtake.

 Uno seguramente puede recordar media docena de sitios más deslumbrantes quizás que Naoshima (postales icónicas, fondos perfectos para el “selfie”) pero difícilmente podrá citar otro lugar donde la arquitectura y el paisaje se fundan de manera tan armoniosa. El lápiz de Ando se convierte aquí en aguja habilísima para que no se noten las costuras de su intervención en un entorno que se vuelve valioso precisamente por el respeto con el que es tratado. El protagonista no es el edificio en sí mismo, sino su ocupante, el visitante que se siente mimado y guiado a través de un fascinante laberinto de belleza.

 

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