En casa de Hopper, crónica desde Nyack (New York)

 

 

Allí está, la reconozco por las fotografías pero aún así me sorprende. El pequeño jardín delantero, las escaleras, el porche. Estoy en la casa de Edward Hopper, aquí nació y se crió la persona que se convirtió en el gran artista americano.  Te invito a explorar no solo su hogar, sino también algunos  de los escenarios reales del pueblo de su infancia que inspiraron sus emblemáticas pinturas.

 

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Nyack es un luminoso y tranquilo pueblo a orillas del río Hudson en el estado de Nueva York, a una hora de Manhattan. Sus alegres casas me reciben orgullosas de su genuino aire victoriano y sus solemnes mansardas francesas.  En muchas de ellas se aprecian reformas, pero respetando su esencia. Mientras admiro con emoción la casa natal de Hopper, a mi espalda Nyack se inclina en pendiente hacia el pequeño puerto en un pacífico miércoles desplegando color en sus edificaciones.

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Cuánta personalidad tienen las casa de Nyack

Abre a las 12:00, bien, ¿Qué prisa tengo? He cruzado el charco para explorar con deleite y no voy a ponerme impaciente ahora. El aire es fresco pero la temperatura cálida, en esos  jardines atlánticos el esplendor de la hierba y de los macizos de flores blancas me observan a mi. Me siento en el porche de la casa, grabo el video que abre este artículo, disfruto de estar ahí y tras un paseo, la casa de Hopper abre y yo entro, como si hubiese deseado ese momento con todo anhelo, y de hecho, así es. 

Aquí vivió Hopper 

Edward Hopper nació y vivió su infancia aquí, hasta que con 28 años se mudó a Manhattan,  subió y bajó estas escaleras y seguro se sentó en alguno de sus peldaños en momentos de indecisión o espera. Este pensamiento me lleva al clima narrativo de las obras de Hopper, ya que en ellas se refleja algo así como “una espera que está aconteciendo” un momento previo a otro de vital importancia. Hopper nos trae en su obras retazos de vidas que parecen ser preludio de algo que va a suceder pero que ya está fuera del tiempo y del espacio del cuadro (volveremos sobre esto) ahora sigamos explorando en su casa.

Ya en el segundo piso, nos recibe un retrato fotográfico del Edward veinteañero, que por la pose y el gesto recuerda  a su genuino autorretrato con sombrero que pude contemplar en el MOMA

Encantada joven Hopper
Encantada, joven Hopper
Esa mirada…

Me presento y parece que el maestro me recibe con cortesía y curiosidad. Ahora él es el observado. Detengo la vista en los conmovedores detalles de la casa que me sirven guía argumental en esta visita. En el cuarto de baño, pueden verse las marcas en la madera que señalan el crecimiento de Edward y de su hermana Marion, ella siempre fue soltera y vivió en esta casa tras el fallecimiento de su padres. Edward, ya casado con Josefina Verstille, la extrovertida y alegre Jo, volverá a menudo desde Manhattan a Nyack a visitar a su hermana y los lugares que siempre consideró su origen personal y artístico.

Edward y Marion Louis Hopper
Edward y Marion Louis Hopper

 

El primero de la derecha es el joven Hopper practicando en la Academia
el primer estudiante (mano sobre pierna) es el joven Hopper practicando en la Escuela de Arte

Cruje la madera en el pasillo y su soniquete familiar me lleva hasta su dormitorio. Dentro se conservan su primer caballete y uno de sus pinceles grandes,  además de la pequeña trona en la que comía en sus primeros años de vida, curiosos y encantador.

Su caballete
Su caballete
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De su infancia…

Sobre la chimenea luce un cartel enmarcado de una muestra de Hopper en la Fundación Juan March de Madrid.

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Cartel de la Fundación Juan March en el dormitorio de Hopper

La habitación de doble ventanal parece haber estado ocupada hasta hace un momento. Me asomo y observo lo que Hopper debía ver cada mañana al despertar, por la noche, antes de dormir y por supuesto mientras pintaba.

Desde la ventana de Hopper
Desde la ventana de Hopper

El Nyack que veo no es mismo que contemplaba el niño y el joven Edward, pero sé que muchas casas se conservan porque lo he investigado, y la luz sin duda aún refleja verdes y amarillos mezclados con salado azul. Esto me lleva a algo que dijo el propio Hopper sobre la aparición de figuras humanas en sus pinturas e ilustraciones (pues Hopper trabajó como ilustrador para varias publicaciones de éxito)

“Siempre estuve interesado en la arquitectura, pero los editores querían dibujos de gente con muecas y posturas…. Yo lo que quería era pintar la luz del sol en el muro de una casa“.(E.Hopper)

Pero antes de explorar las obras tempranas de Hopper presentes en la casa quiero compartir una anécdota de la vida del artista que encuentro de vital importancia para entender su personalidad.

En una vitrina de su habitación, podemos ver una botella de cristal común y corriente y varias   cartas.  En su adolescencia Hopper encontró en la orilla una botella con un mensaje dentro. El manuscrito pedía que si alguien se hacía con la botella enviase una carta a una dirección de Brookling allí indicada. Fascinado por el misterio, Hopper respondió enviando una carta  a la dirección  y así y empezó a cartearse con la persona que había lanzado la botella, incluso Hopper le propuso que se conociesen en persona.

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Mensaje en una botella

Fantástico! creo que es lo mismo que habría hecho yo de haberme encontrado la botella, con lo que me gustan los misterios y lo poco que me resisto a escribir…entonces siento con Hopper una afinidad personal, siento que en cierta manera, tenemos una forma parecida de observar el mundo y de participar en él. Pero ¿Y el mundo interior de Hopper? pues de ahí surge la mirada del artista que acaba por plasmar en sus obras. Así, aunque estas parezcan reflejar una realidad que está fuera, siempre surgen de la mirada interior mucho más íntima e intelectual.

Seguimos en su casa y la voz de su historia surge de las paredes. De los retratos de familia, de sus objetos queridos de infancia y juventud. Su caja de pintura, en la que vemos los tubos utilizados para su fantástica obra “Una mujer al sol” pintada en 1961 y que analizaremos en el próximo artículo del faro dedicado a Hopper.

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Su caja de pinturas más reciente
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Mujer desnuda al sol…

Observando los primeros dibujos de Hopper a carboncillo no solo quiero detenerme en que muchos son los padres de sus más famosas obras sino fijarme en ellos en particular como material artístico. Estos dibujos son pequeños tesoros en sí mismos y de su observación entendemos la tendencia de Hopper a tomar la realidad y desnudarla de lo que sobre para plasmar solo los elementos indispensables. Así que para el niño y joven Edward “menos siempre fue más” era preciso y esquemático en sus pinturas.

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vaya…me recuerda a su archivamos “Aves Nocturnas” 1942
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“Aves Nocturnas” Art Institute of Chicago
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¿Es la mujer de “Autómata” ?
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“Autómata” 1927 Des Moines Art Center, Iowa

Descubro entonces la puerta que da al jardín trasero, está cerrada.  ¿Pintaba Hopper al aire libre? Resulta que sí, que en su etapa en Francia (1909-19109) Hopper sacaba el caballete a los bosques de Fontainebleau, en fin, no es un bosque cualquiera. Allí pintaron antes Corot y Monet y artista americanos como Singer Sargent y Whistler.  

Esa fue su etapa Parisina, en la que Hopper abrió los ojos a la luz de los Impresionistas (Monet, Pissarro) y al desgarro de los Postimpresionistas (Lautrec, Gauguin, Van Gogh)  no sin dejar de visitar España y nuestro Museo del Prado, donde Goya y Velázquez contribuyeron a dar forma a su ser artístico.  Es al volver de esa etapa europea cuando Hopper define su personalísimo estilo y arranca con temas americanos en los que los lugares de Nyack que ahora vamos a explorar dejarán de ser lugares comunes a la orilla del Hudson,  para pasar a la historia. 

Salgo de la casa por el porche principal. La miro de nuevo desde fuera, parece que ya haya despertando y puesto en acción el maravilloso influjo que ejerce sobre el pueblecito. Edward Hopper House Art Center promueve y gestiona el legado del artista desde 1971, y sirve además de espacio de exposición para artistas emergentes, como esta serie de fotografías de David Lachapelle que muestra imágenes de pequeña maquetas de gasolineras pero retratadas a gran escala.  Aquí están reinterpretadas las “Gas stations” de Hopper.

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Explorando el  Nyack de Hopper, ¿Te suena? 

Como Nyack es tranquilo, el tiempo parece caminar con solemnidad solo al ritmo de la luz del verano, con potestad para detenerse en cada rincón. Es realmente un regalo para la mirada de quien disfruta explorando el arte y la realidad. Aquí parece que el paisaje imite los cuadros de Hopper, y no al revés.

  1. “Siete de la mañana” 1948 Whitney Museum

Mírame, aquí estamos ya, en la esquina de la tienda. Debo decir que de las localizaciones de Nyack es aquí donde más percibí el espíritu de la obra de Hopper. Mira las fotos, es como si yo estuviese dentro del cuadro, tan solo ha cambiado un poco el paisaje de la parte izquierda. Tanto en la localización real como el cuadro de Hopper la blancura y el efecto pulcro de la luz en los muros  parecen querer ocultar un misterio. Parece que hemos llegado ahí intencionadamente y que el hecho de que tienda aún esté cerrada nos da otra alternativa, ¿Tal vez adentrarnos  en la forestas de la izquierda? en el Nyack real esa parte del cuadro ya no existe.

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2. Un encargo para Edward

Nos detenemos ahora a mirar lo que nos dejan de la hermosa casa de 1850 de Charles MacArthur, él y su esposa Helen encargaron a Hopper que la pintara en 1939. Hoy sus altos muros velan por su tranquila belleza pero yo por vosotros me asomo descaradamente…allí está su curiosa mansarda cuadrada a modo de cimborrio.

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3. ¡Quiero esa casa!

Mirad que vista, que frescor, qué matices de verde, madera y azul. Esta casa, ubicada donde Nyack se toca con los veleros que navegan, apenas ha cambiado desde las épocas de Hopper. La curva que describe su porche promete desayunos al fresco y tardes de mera y pura contemplación, un placer posible y sencillo.

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"Lee Shore" 1928
“Lee Shore” 1928

4. Esa otra casa…que a nadie deja indiferente

Imponente. Realmente impresiona, es “La casa junto a las vías del tren” pintada por Hopper en 1925, utilizada por Alfred Hitchcock en su cinta Psicosis y reconstruía por Cornelia Parker en la azotea del MET Museum (de lo que ya te habló y te volverá a hablar este faro) La casa nos contempla como si nos viese pasar, no le inquieta nuestra presencia y no nos invita a entrar en ella.

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Dejo Nyack, y pongo rumbo a Manhattan, el viaje lo merece, es una ruta maravillosa. Ahora que hemos estado en su casa, donde empezó todo, vamos a sentir y a comprender a Hopper de forma distinta, más profunda y más nuestra. No solo vamos a ver en su obra una crónica de la vida americana ni estampas de silencio, sino mucho más.

Anochece más pronto que en España y las luces del skyline de la ciudad engrandecen mi feliz recuerdo de Nyack. Llevo ya unos días recorriendo Los Hamptons, Montauk, y otros lugares maravillosos cuyo frescor mitiga la intensidad de la Gran Manzana. Entonces imagino de nuevo la Casa Museo de Hopper, en su porche reinará un plácido silencio y viene a mi mente aquella escena a la que este faro puso música, La de “Summer Evening”. Sé que viene más días de exploraciones de Hopper…Allí nos vemos amigos.

 

 

 

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