“Si hay algo importante en el arte, es luchar contra el aburrimiento” (Guillermo Pérez Villalta) NUEVA exposición

Y si hay algo constante en la obra de Guillermo Pérez Villalta (Tarifa, 1948) es que aún conteniendo variadas influencias su impronta es inconfundible. Aprendí a apreciar su lenguaje y estética en la Galería Fernández-Braso, y ahora, al reencontrarme con el conjunto de su obra, siento que revisito lugares y sensaciones que me son familiares.

“Rara, enigmática, moderna, clásica, sorprendente…bonita”

Como muestra del rico racimo de expresiones que he recopilado escuchando con atención al público ante una obra de Pérez Villalta, que por cierto, fue galardonado con el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1985, con solo 37 años.

Dice la historia que Guillermo Pérez-Villalta forma parte de la Nueva Figuración Madrileña, que en la década de los setenta contestó con energía al informalismo abstracto. Pero más allá de encuadrar al artistas en un estilo, encuentro que la figuración pictórica de Pérez-Villalta traspasa la realidad sin romperla. Su pintura propone caminos en varias direcciones, caminos que se cruzan y se bifurcan; Como ese fantástico viaje en el tiempo que todos querríamos hacer una vez en la vida. No hay duda, recorrer su obra es toda una aventura; ¿Me acompañas?

Guillermo Pérez Villalta. El arte como laberinto – Sala Alcalá 31 (hasta el 25 de abril)

Pudimos charlar con el artista y con el comisario de la muestra, Óscar Alonso, así que, tras esta video-entrevista, te animamos a unirte a nuestras visitas guiadas a la exposición (los días 12, 25 y 26 de marzo y 9 de abril) Para más información y reservas escribe a: info@elfarodehopper.com

“Una de las cosas más interesantes del arte es que no es verdad” (dice Pérez Villalta)

¡Qué maravilla! Así podemos imaginar lo imposible, transitar y habitar espacios y estados de ánimo que pueden sernos cercanos o ajenos, y precisamente de lo que imaginamos no nos solemos aburrir. Sucede que ante los paisajes y situaciones de Pérez Villalta empezamos siendo espectadores distantes para finalmente vernos atraídos hacia adentro. Entran ganas de pisar sus suntuosos suelos, de asomarnos a sus ventanas de atravesar sus puertas.

Como su título indica, la exposición está concebida como un laberinto. De tal modo que al visitarla vamos a toparnos con obras en espacios convergentes y esquinados, lo que convierte el recorrido en un continuo hallazgo.

¿Qué nos espera dentro de sus pinturas? Óscar Alonso, Comisario de la exposición, comenta que aunque los distintos espacios que nos propone el artista (plazas, terrazas, pasarelas sobre el mar, interiores que nos llevan a exteriores) son de una compleja composición espacial, la sensación que emana de ellos es de equilibrio y placidez.

Guillermo Pérez Villalta busca La belleza … ¡Menudo jardín! ¿Quién se atreve a definirla? El propio artista habla de la belleza como algo que reconoces cuando lo ves, algo cercano a lo esencial, a lo sereno; de ahí que uno de sus artistas referentes sea Piero della Francesca.

Una de las principales influencias en su obra es el Manierismo. Precisamente el Manierismo del siglo XVI surge de las formas más clásicas del Renacimiento para luego forzar los cánones hacia formas menos naturales y más expresivas, hasta casi adentrarse en la deformación propia de la pintura surrealista. Los espacios y el vacío de las pinturas de Giorgio de Chirico y de las esculturas de Jorge Oteiza son otras de las constantes vitales que laten bajo las creaciones de Pérez-Villalta.

Para un hombre que ha sido autodidacta y que no recuerda su vida sin un pincel en la mano, observar ha sido su gran escuela. De ahí que, guiado por un viento de libertad interior, Guillermo Pérez Villalta no haya tenido pudor en tomar del pasado los recursos plásticos que encontraba más atractivos para experimentar con ellos y crear su genuino presente.

En la historia del arte, cada invención sobrevive y los artistas la abrazan, la rechazan o la reinterpretan de distintas maneras. De ahí que el proceso creativo y la experiencia de disfrutar del arte sean más parecidos a un laberinto, que a una aburrida linea recta. Un estilo o un lenguaje plástico nunca es un concepto estático sino un organismo vivo sobre el que siempre se puede actuar, así nos lo explica Guillermo Pérez Villalta.

“Un estilo artístico es como un árbol, nunca sabes qué ramas van a florecer ni hacia donde”

La pesca prodigiosa, 2011 . Guillermo Pérez Villalta. Galería Fernández-Braso

La exposición reúne obra de toda su carrera y nos da la oportunidad de localizar los asuntos comunes a toda su trayectoria ( los espacios de vértigo, la presencia del agua, la figura humana como arquitecto de una realidad imaginada) y también de la evolución de su técnica, como nos explica Óscar Alonso al comparar estas dos parejas de obras.

Guillermo Pérez Villalta recupera formas y formatos (como el tondo) y emplea su virtuosismo técnico recreando motivos decorativos y arquitecturas que evocan las etapas más florecientes de la cultura mediterránea. Guillermo empezó a estudiar arquitectura, y aunque lo dejase para entregarse a la pintura, su visión espacial y su exquisito gusto al combinar colores sugerentes influye sobre nuestros sentido, a veces estresados, como un mantra espiritual. “Salmo” es una de esas obras que invita a la tranquilidad como explica Óscar Alonso.

El papel del ser humano en estos insólitos espacios adquiere diferentes roles. En las pinturas de Guillermo Pérez Villalta, el hombre aparece dignificado a través de su capacidad de crear; El hombre constructor, el hombre que domina y organiza el espacio. Este ser humano, aunque se parece más a una idea esquemática que a un hombre de carne y hueso, tiene un propósito; El de diseñar y habitar un mundo ideal, que bien puede empezar contemplando el mar desde la cama, como en su curioso Autorretrato.

Autorretrato por la mañana, 1973. Guillermo Pérez Villalta

Algunos de sus personajes parecen héroes clásicos, otros son más bien ciudadanos, aunque de una raza tan ecuánime y tranquila que uno se pregunta si tal estirpe humana habrá llegado a existir. En ocasiones, en sus anatomías está el recuerdo de Miguel Angel y en sus rostros subyace la mirada eterna de un Pantocrator bizantino, la actitud distante de un tipo surrealista, o la templanza de un francesito de Chardin.

En este recorrido laberíntico, además de pintura con diferentes técnicas (temple sobre lienzo, acrílico, ) nos encontramos con objetos alocados, fruto de la efervescente inventiva de un artista, que aunque ya maduro, mantiene en la mirada la chispa de quien sabe que te puede sorprender. Estos objetos surgen a partir de delicados dibujos y vienen a recordarnos que la figuración (representar lo que conocemos) bien puede ir ligada a la imaginación, esa luz que ninguno de nosotros deberíamos perder.

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