El raro arte de vivir (Klimt y poesía)

¿Cómo explicar qué es el arte? Podríamos ceñirnos el cinturón del canon académico, algo que me parece ambiguo e insuficiente.

Pero ¿Qué me dice de la vida? ¿Podríamos tratar de definir ese fenómeno único que nos conecta a todos por igual? Más de una vez he sentido que la vida, en su día a día, se nos presenta como un gran lienzo, en blanco y a estrenar, dispuesto a servir de soporte para volcar sobre él nuestras más profundas emociones, nuestra visión de la realidad, nuestra imaginación, nuestra conciencia.

¿Y la belleza? ¿Tienes palabras para ella? A mí a veces me faltan.

Sin embargo, todos coincidimos en la necesidad de manifestar belleza o expresar lo que la belleza nos hace sentir. Es precisamente la belleza del mundo, la esencia de lo que el mundo es a nuestros ojos, lo que nos empuja a manifestar en forma de “arte”  lo que nos emociona. En este sentido, las manifestaciones artísticas pueden ser muy dispares, pues cada uno ve y siente la realidad a través de su mirada interior.

Sin duda la belleza encierra un riesgo, para entenderla y plasmarla hay que perder el miedo al lienzo en blanco, al del taller y al del reto de la vida. Sólo de ésta manera podremos disfrutar del raro arte de vivir.

Klimt_Tree_of_Life_1909
“El árbol de la vida” Klimt, 1909

Lienzo en Blanco

Descubro un lienzo en blanco

en cada uno de tus amaneceres,

para pintar con emociones

cada uno de tus vivos colores,

vida, belleza del mundo.

Humilde me acerco con alma de niño;

inocencia para que me hables al oído

el susurro de tu esencia.

Es entonces cuando mi trazo, mi verso y mi canto

te tocan fugazmente, un solo segundo.

Contigo me muestro inexperto, primerizo.

Imposible abarcar tus recovecos,

tus facetas, todos tus velos.

Aún con todo ello me atrevo,

a abordarte en tus amaneceres,

niño humilde e inexperto,

para pintar con emociones

cada uno de tus vivos colores.

Toco tu piedra desnuda,

tu recién compuesta sinfonía, tu papel vacío,

para regalarte mi verso,

mis anhelos, tu arte en mis manos.

Cada día lleno el vacío de mi lienzo en blanco,

contigo… vida, belleza del mundo.

 

Gustav Klimt se dejó seducir por las mujeres de piel y por la de oro. Sobre fondo dorados, ornamentales decoraciones y sensuales escorzos, Klimt sabe como sostener el deseo.

La distancia y frialdad de sus figuras femeninas define a la femme fatale a la que cantó, por ejemplo, The Velvet Underground.

El rico y simbólico arte bizantino y la exquisita pluma naturalista de Durero están detrás de la riqueza explosiva de Klimt, capaz de despertar los sentidos incluso del más indolente de los observadores. Apetito, diría que despierta, apetito de placer, de placer y de vida.

El hombre que recorrió su camino pictórico y vital en túnica y sandalias fue uno de los fundadores del Secesionismo de Viena, un movimiento artístico que, como Los Prerrafelitas en Inglaterra, reaccionaba ante el arte convencional e historicista. Y entonces sí, Klimt, que jamás se comprometió con una mujer a la manera convencional, le dio un reinado propio demostrando en lienzos y murales el absoluto poder érótico y sexual de la mujer sobre el hombre.

“El Árbol de la Vida”,  es el motivo central de un friso decorativo que creó Gustav Klimt en el momento cúspide de su carrera  (entre 1905 y 1909), que junto a otras ocho tablas completa el conjunto decorativo del comedor del Palacio Stoclet de Bruselas, construido por Josef Hoffmann . Un templo a la elegancia cuyo exterior en mármol blanco perfilado con molduras doradas se revela como un espejismo en el que súbitamente conviven  pureza geométrica e insinuación modernista. En “El árbol de la vida” Klimt incluye todo lo que le mantiene vivo;  la mujer, el misterio, la vida y la muerte, porque la muerte parte de la vida es. Y esta idea le obsesiona.

El mural presenta tres escenas. A la izquierda, una mujer que parece simbolizar la espera o el anhelo. En el extremo opuesto está el abrazo entre un hombre y una mujer, lo que parece simbolizar la satisfacción. El hombre de espaldas, muestra una túnica donde pueden verse numerosos ojos,  un pez y un ave que nos trasladan a variados significados en torno al politeísmo egipcio y al cristianismo. En medio, uniendo la espera y el abrazo, surge ese árbol de la vida. Árbol de un único tronco que sale de la tierra y se bifurca en ramas de arabescos que pueden representar distintas opciones de vida, distintos destinos.

¿Cuántas vidas encierra la vida de un solo hombre en la faz de la tierra? Tal vez muchas, pero Klimt, con su pájaro negro, nos recuerda que la muerte es para todas el único destino.

David Boillos Tejada, Consultor de Procesos especializado en Sanidad, poeta, aficionado a la enología y colaborador de este faro.

Bruselas Palacio Stoclet Comedor Árbol de la Vida Klimt
Comedor del Palacio Stoclet con mural de Klimt

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