Santiago, ¿Apóstol o caballero?

El Museo de Bellas Artes de Sevilla, guarda, entre otros muchos, este tesoro de la pintura española. José de Ribera, llamado “Lo Spagnoletto”, presenta a  Santiago de Zebedeo como un hombre, además de como un santo, y consigue que nuestra mirada se dirija a la esencia espiritual de la obra a través de unos pocos elementos de referencia.

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La serena belleza del Apóstol Santiago

Santiago aparece representado en escala de tres cuartos, nos mira de forma directa pero en absoluto apremiante. Lleva túnica, manto apostólico y el libro de los Evangelios en la mano , y por supuesto; la concha de peregrino que destaca bajo el carmesí. El rojo intenso y los tonos tierra del libro equilibran la composición. El fondo neutro, muy velazqueño, ayuda a reforzar la intensidad de la presencia de Santiago. Es un santo con mirada de noble caballero…

José de Ribera, (valenciano de nacimiento) desarrolló la mayoría de su carrera en Italia. Roma fue el primer escenario de su carrera pictórica, para luego establecerse en Nápoles de 1616 hasta su muerte en 1652. Se cuenta que era bohemio y un tanto desastroso y libertino en su vida personal, sin embargo, cualquiera diría que no exhumaba serenidad cuando realizó esta obra. Estado que, por otro lado no está en absoluto reñido con la intensidad, pues su Santiago parece ser capaz de transmitir la bondad que encierra su fe solo con esa mirada.

Ribera forjó su estilo al calor de la pintura veneciana y del tenebrismo de Caravaggio, al que algunos historiadores del arte apuntan que conoció en vida, sin quedar del todo confirmado, pues poco se sabe de los primeros años de Ribera en Italia . Lo que sí está documentado es que Ribera y Velázquez se conocieron en Nápoles en torno a 1630. Ribera estaba protegido por los Virreyes de Nápoles entroncados con la monarquía española.

Además de la influencia caravaggista,  Ribera se vio enriquecido por la influencia de Antonio van Dyck, discípulo de Rubens, experiencia que le hizo aclarar su paleta de colores.

A lo largo de su vida Ribera explora el sentir religioso en imágenes plagadas de potencia y naturalismo, lo que queda patente en sus desnudos masculinos o en la capacidad conmovedora de ciertos personajes bíblicos como María Magdalena, a la que Ribera acerca tanto a una mujer de carne y hueso que pierde a un ser querido que, saltándose el decoro de la iconografía religiosa, la coloca casi besando los pies de Cristo.

Calvario Osuna
Magdalena es una mujer real

 

En su serie de “Los cinco sentidos” , que tenemos “El Gusto” de poder admirar en el Museo del Prado, Ribera expone un enfoque completamente original y novedoso. Los sentidos son explicados a la manera naturalista, sin elementos sobrenaturales. Incluso nos introduce en los avances de su tiempo, como el telescopio, que nos muestra en el cuadro “La Vista”

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“La Vista” con su telescopio, para mirar más allá..

 

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“El Gusto” Museo del Prado

 

Volviendo a nuestro Santiago, parece que aún no supiese el destino que le aguardaba, parece que dentro del cuadro de Ribera se siente a salvo, limpio de sudor y sangre, y sobre todo esta obra es la viva prueba de cómo Ribera, con la maestría de sus pinceladas, aunó  en un mismo retrato espíritu, belleza y misterio.

 

 

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