Acepta lo inesperado, puede esconder tesoros

¿Sabes qué? Cada vez que comienzo un LIVE en instagram (@farohopper) siento la misma emoción que cuando hago las visitas guiada presenciales. Me he acostumbrado, pero no me resigno, aspiro a todo.

Antes, solía hacer muchos videos, pero no en directo. Consideraba que mi directo principal eran las visitas guiadas, con el público delante, viendo tu mirada, y la tuya y vuestras ganas de explorar y descubrir juntos.

Ese momento de arrancar a hablar y tener toda vuestra atención me hacía sentir valiosa y responsable, ya que mío era el deber de hacer valer ese tiempo de vuestra vida que con generosidad poníais en mis manos. Ahora, que aún no podemos vernos, Instagram se ha convertido en nuestro punto de encuentro. 

Cuando apenas faltan unos segundos para comenzar un directo, mis sentidos se agudizan, ¡Mi mente bulle! y experimento un adictivo vértigo infantil que me mantiene en plena forma.

Mientras, en el sector del arte no se habla de otra cosa y con comprensible preocupación,

¿Cómo se plantea la vuelta?

¿Cómo nos relacionaremos con el arte?

Tanto para los museos y fundaciones como para las galerías, el reto es grande y entraña dificultades logísticas y humanas.

Por ejemplo, en el caso de las galerías de arte, perderemos durante un tiempo la espontaneidad de poder entrar y salir a nuestro antojo (pues de momento solo pueden visitarse con cita previa) Algo que tala una de las vocaciones de los galeristas que es precisamente estar abiertos a todos,  no solo a los coleccionistas.

Y en los museos ¿Tendré que tener ojos en la espalda para cuidar que nadie se me acerque mientras admiro un Rubens? Resulta bastante distinto a lo que estamos acostumbrados. Sin embrago, la idea de un museo con aforos limitados no deja de parecerme atractiva. En algunas colecciones no permiten más que un número clauso de visitantes y por tanto la experiencia de visitas es fantástica

Se sincero ¿Cuántas veces no has deseado que la mitad de gente de la sala desapareciese?

Veamos cómo se afronta este reto y si los museos aprovechan la coyuntura para reorganizar el tráfico a sus salas o incluso la forma de exponer las obras, en ocasiones, demasiado  condensadas, sin apenas aire entre unas y otras, sin espacio para descansar la vista, algo tan necesario cuando quieres que una exposición entable una relación de comunicación real y eficaz con el público.

Añoro esa algarabía que se forma en el hall de los museos, y el murmullo entusiasta que nos sigue de sala en sala. ¡Cómo no exclamar ante tantas maravillas!

Una tarde casi acabo envuelta en una reyerta.  Resulta que un “señor” que si alguna vez tuvo gentileza, la había dejado en casa, mandó callar a mi grupo sin  consideración alguna y además injustamente; Así que le pedí disculpas, aunque no las merecía, y continuamos tranquilamente la visita. No iba yo a malgastar el tiempo en discutir con él, aunque ganas me entraron de darle un buen puñetazo, agitar la mano y seguir explicando como si no hubiese pasado nada.

Algo tal que así….

(titular)

El faro de Hopper propina un guantazo a un tío borde ante dos maestros barrocos 

(entradilla)

Santa Catalina de Caravaggio y el Cristo de Ribera, testigos del suceso, afirman que el tío borde estaba exagerando y que tras el golpe recobró la cordura y las buenas maneras. La propia Santa volvió a golpear al tío con su cojín y su palma antes de que abandonase la sala.

No esperaba menos de ti, Querida (Santa Catalina de Alejandría, 1698 Caravaggio. Museo Thyssen

Señor mío: claro que en los museos debemos usar un volumen moderado ( y así lo hacemos siempre) ¡Palabra!  Pero si se pone tan exigente, tan irascible…Entonces es que no está usted dejando que el arte haga su trabajo, que no es otro que reconciliarle con su entorno y consigo mismo, hacerle mejor de lo que era antes de entrar, más lúcido, más ocurrente. Si visita el museo cabreado y sale más cabreado, no sé para qué leches ha venido.

Sin embargo, entre los guías suele entablarse una sana convivencia, sin malas caras, sin competir, ni abrumar, pues todo buen profesional sabe que hay espacio y tiempo para todos y que cada uno acercamos el arte a nuestro público de forma distinta y que será ese mismo público quien decida a quién quiere escuchar.

Recapitulando; ¿En qué punto estamos los profesionales y los amantes del arte? 

Pues creo que nunca hemos estado más conectados y mejor predispuestos. 

Un amante del arte tiene ante sí páginas webs de museos, de galerías de arte y redes sociales de especialistas para poder disfrutar de variados contenidos desde múltiples enfoques y con distintos estilos.

Un profesional del arte tiene ante sí a un público atento y generoso con toda la tecnología a su alcance.

¿Qué va a pasar? Sinceramente creo que cuando volvamos a las visitas presenciales ambos habremos ganado criterio y actitud, tanto los profesionales como el público.

Confío en que se haya demostrado que el arte, además de formarnos nos da fuerza para encarar mejor las dificultades y que nos ayuda a mantener el optimismo y el espíritu creativo.

No hubiese esperado que un LIVE de instagram me aportase tanto; Y es que, en lugar de quejarme por lo que no tengo y no sé cuando recuperaré, he optado por sacar brillo a la pista de baile.

Raros son los días sin mis americanos, sin mis suecos, sin mis italianos. Sin mis empresarios, familias y grupos de España y del mundo. Con qué alegría recuerdo los comentarios, las anécdotas, por ejemplo:

Una mañana de diciembre visité el Museo del Prado con un alegre matrimonio. Ella colombiana, él americano con ascendencia irlandesa. Les recogí en su hotel y camino del Prado ella dijo:

-A mi esposo le encantan los villancicos tradicionales ¿Quieres escuchar uno?

y antes de que pudiese asentir allá se lanzó el esposo

¡Bárbaro! No sabes cómo cantaba, qué chorro de voz con tintes clásicos. Caminando al son de la balada navideña irlandesa. ¡Arriba, abajo! Todo un tenor…hasta aplaudían a nuestro paso.

Bono, del mítico grupo U2, cantando villancicos entre la gente en las calles de Dublín

Muchas veces he pensado ¿Qué vale más? realmente ¿Qué me llena más? ¿Lo que enseño o a quién se lo enseño?

– ¿Cuántos valen La Meninas?  (pregunta un niño durante la visita)

-Incalculable…. (Respondo con ese tono teatral que se que les gusta)

-¡Ala! (exclaman todos a coro, y yo río, me encanta cómo lo viven)

Así que  ¿Qué me aporta más? , no son las obras de arte, aunque ellas son el inicio de esta maravillosa magia, es lo que sucede en las personas durante las visitas, es lo que sienten y lo que comparten, esa es la gran joya de lo que hago, de lo que me siento orgullosa de hacer.

Volveremos a las salas y a ver las obras en directo, porque esa experiencia real es insustituible pero el gozo virtual ha llegado para quedarse, para ampliar el círculo de las experiencias y para entablar conexiones duraderas entre las personas y sus pasiones.

A mí también me desconcierta y abruma eso de “La nueva normalidad” . No señor, ¡yo quiero mi normalidad de antes! Sin embargo, cuando se me pasa el berrinche me pregunto ¿Y si las cosas son mejor de lo que esperaba?

¿Y si algunas son mejor que antes?  No hay en mí ni un ápice de resignación pero voy a darle una oportunidad a los días que vienen, a las nuevas circunstancias.

Sin duda reconquistaremos nuestra libertad y le seguiremos sacando partido, volveros a movernos y a viajar; Pero me propongo estar abierta a nuevas formas de ejercer y disfrutar mi trabajo,  mi proyecto, y espero que tú me acompañes. 

Un abrazo desde El faro de Hopper, te espero en instagram en @farohopper 

 

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