Un duelo y una ciudad, Roma

Con il tramonto pisándome los talones pienso en qué estímulos están detrás de las grandes obras de arte. Comprendo que el arranque responde a una sensibilidad especial que encuentra su idioma en la pintura, la escultura o la literatura, pero ¿Cuáles son los motores que mantienen viva la capacidad de crear?, ¿Qué provoca que un ser humano quiera constantemente superarse a sí mismo?, Posiblemente tener un objetivo, pero más aún, tener un rival.

La Roma que hoy conocemos fue construida en torno a un desencuentro, el que durante toda su vida mantuvieron Gian Lorenzo Bernini y Francesco Borromini. Un duelo a muerte del que sólo podía quedar uno, y así fue. Sin embargo, en cada desafío de este dramático lance la ciudad tomaba la forma del deslumbrante escenario barroco que es hoy.

Estamos en el agitado siglo XVII, Roma es el centro del fervor artístico de Europa, un foro de intercambio de ideas y experiencias que atrae a talentos de todo el continente. Entre 1621 y 1625, Bernini se consagró como un maestro de la escultura gracias a los cuatro grupos Borghesianos. “Eneas, Anquises y Ascanio”, “David”, “Apolo y Dafne” y “El rapto de Proserpina”, siendo esta dos últimas de tal belleza e hiperrealismo que uno quisiera haber estado allí mientras se hicieron para dar crédito de que son verdad y no una ilusión.

Detalla del rapto de Proserpina de Bernini
Detalla del rapto de Proserpina de Bernini

Mientras, en 1629, el joven Francesco Borromini, tras la muerte de su maestro y pariente, Carlo Malerno, espera ponerse al frente de las obras de la Basílica de San Pedro. En su lugar se incorpora al equipo de Bernini, protegido del papa Urbano VIII, para las obras del Palazzo Barberini. Aquí chocan los genios tanto en lo artístico como en lo personal. Aquí Comienza el duelo.

En Guardia: A raíz de su primer trabajo juntos surge entre ellos el anhelo de convertirse en  “el arquitecto de Roma”, pero Bernini, además de un virtuoso del mármol es un experto relaciones publicas que sabe manejarse en las altas esferas, lo que dará brío a su espada en este artístico duelo. En puro contraste barroco, Borromini es un personaje taciturno, que gusta de la soledad y la introspección y que huye de las ocasiones sociales. Borromini es enérgico, es poco complaciente, en palabras de hoy día, “nada pelota” y su máxima aspiración es poder trabajar con auténtica libertad artística.

Nuestros ojos…¿Ven la realidad o sólo las sombras de las aparentes certezas del intelecto? La genialidad de Borromini nos tendió una trampa en el Palazzo Spada, cuyo edificio enfrentado al Tíber acoge pinturas de los siglos XVI y XVII. En torno a 1633 el propio Cardenal Spada encargó a Francesco que modificase la estructura construida por Bartolomeo Baronino en el XVI y ahí fue donde Borromini dejó escrito: “Vais a ver de lo que soy capaz, ¡tiembla Bernini!”. No hay constancia de que Francesco pronunciase tales palabras, pero me tomo la libertad de escribirlas porque creo que es lo que debió pensar al poner en marcha este proyecto. El resultado es un Trampantojo  en el que Borromini se recrea experimentando con la perspectiva, haciéndonos creer que la galería es más larga, los órdenes de las columnas más colosales y la estatua del fondo más grandiosa. Francesco, admirador de Miguel Ángel, ya es un artista ineludible en Roma. pero este duelo continúa…

Palazzo Spada galería de Borromini
Palazzo Spada Trampantojo de Borromini

Ataque: El interior de San Carlo alle Quattro Fontane (1634) evidencia el dominio de las formas arquitectónicas que maneja Borromini, como si hubiese hecho un pacto con curvas y contracurvas y así estas le obedecen. Uno llega a olvidar que lo que contempla es piedra. Esta iglesia es considerada una de las obras maestras del barroco universal. Borromini eligió un esquema oval, dejando atrás la linealidad renacentista, la cúpula descansa sobre un sistema de cruce y octógonos que culminan en la linterna superior donde consigue atrapar y expandir la luz. Una obra osada y enérgica que supone un desafío sin igual a los cánones arquitectónicos de siglos anteriores.

Interior San Carlino de Borromini
Interior San Carlino de Borromini

Contraataque: Tras esta contemplación parece que Borromini esperase respuesta y a escasos pasos de San Carlino se derrama sobre la acera la iglesia de Sant´Andre al Quirinale (1658-1670). En ella, Gian Lorenzo Bernini utiliza un impresionante pórtico columnado curvo, decorado con la corona de su mecenas Camilo Pamphili (familiar del Papa Inocencio X). Existen crónicas donde el propio hijo de Bernini  describe  cómo recordaba a su padre sentado en el interior, observando la danza de luces sobre los estucos y el polícromo mobiliario.

Batimento: Borromini, extremadamente meticuloso en su profesión, no tuvo pudor a la hora de criticar ciertos aspectos técnicos de la que auguraba convertirse en la gran obra de Bernini; La Basílica de San Pedro. Bajo la mirada atenta de Francesco la torre era demasiado pesada y cuando en 1644 se vino abajo, Borromini aprovechó los vientos desfavorables de su rival para dar un nuevo impulso a su carrera. Bernini había completado entre 1624 y 1633 el Baldaquino del altar de San Pedro, construido en bronce con cuatro gigantescas columnas salomónicas. Obra que supuso un  alarde de la imitación de las calidades en material duro. Tanto esta obra, como la columnata elíptica de la plaza de San Pedro evidencian el idilio artístico entre Gian Lorenzo y el Papa Urbano VIII. Eso de que “arte y poder” suelen ser un buen matrimonio no es nada nuevo, ¿Verdad?

Y si había una institución plena de poder en aquella Roma era La Iglesia, recordemos que tras la ruptura de Lutero y el Concilio de Trento la iglesia se encontraba en plena acción contra reformista. Se hacía necesario trasladar al pueblo el misterio de la fe y la propia historia de la vida de los santos. Bernini dio forma e incluso hálito a la poesía en torno a la mística en obras como “El éxtasis de Santa Teresa”(1647 -1651), en la iglesia de Santa María della Vittoria. En aquel momento, y tras los excesos presupuestarios del papado Barberini, había perdido su impunidad social y artística y aceptó este encargo del Cardenal Cornaro.

La potencia expresiva del éxtasis de Santa Teresa de Bernini
La potencia expresiva del éxtasis de Santa Teresa de Bernini

La obra supone la traducción a piedra de la experiencia descrita por la santa de Ávila en sus escritos, una escenografía de magnífico poder evocador que atrapa el instante místico en el que el fervor religioso se hace a la vez divino y humano. La familia Cornaro es testigo de la escena desde los palcos laterales.

Arresto: En Sant´Ivo alla Sapienza, Borromini alterna cornisas cóncavas y convexas que ascienden a una cúpula que muestra un esquema de estrella de seis puntas.

Touché: Cuanto más avanzaban sus carreras, más profunda se hacía la herida de su continuo enfrentamiento. Así, Bernini, sacándose la espina del desafortunado incidente de las torres vaticanas, arrebata a Borromini el proyecto de la Fontana dei Quattro Fiumi, que Borromini había diseñado. El sonoro grupo escultórico personifica los cuatro grandes ríos conocidos en la época. El Nilo, el Ganges, El Danubio y el Río de la Plata. (en la mítica y siempre animada Piazza Navona)

Piazza Navona testigo de este duelo
Piazza Navona testigo de este duelo

Cuando en 1667 se concede a Bernini la tumba del papa Inocencio X, Francesco Borromini cae en un hastío vital que le lleva a quemar muchos de sus escritos, a recluirse en su casa y finalmente a terminar este duelo por propia elección. Era el amanecer del 2 de agosto cuando Francesco se arrojó  sobre su propia espada. Borromini no muere a causa del hierro de su rival, pero sí por concluir este duelo.

Entonces la Roma Barroca, la que recorrimos con el grupo de arte al que dedico este artículo, es el diario de dos vidas enfrentadas, y como todo diario su lectura permite libertad de interpretación, ni buenos, ni malo, tan sólo dos genios

Los duelistas
Los duelistas

Sin abandonar el noble arte de la esgrima, vamos al cine.  Año 1977, Ridley Scott rueda  “Los Duelistas” (basada en la novela de Joseph Conrad). Este film narra la obsesión de Gabriel Feraud por batirse en constante duelo con Armand d´Hubert (ambos húsares franceses). La inquina de Feraud prologa esta afrenta durante 15 años en los que las guerras napoleónicas trasladan este duelo por todo el mapa de Europa que termina….de forma bien distinta a la rivalidad de Bernini y Borromini.  La novela de Conrad empieza así “Napoleón I, cuya carrera fue similar a un duelo contra Europa, desaprobaba el desafío entre oficiales de su ejército”…te animo a continuar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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